más allá de las callesvalle de chalco
José Rivera Mendoza

retrato · 53 años en el municipio · conductor de mototaxi

José Rivera Mendoza

«Antes, lo que se recogía de la cosecha servía como alimento para la familia. Hoy hay que trabajar y si no trabaja uno, pues no come.»

José Rivera Mendoza

El señor José Rivera Mendoza lleva 53 años viviendo en Valle de Chalco y le ha tocado vivir la transformación del municipio a lo largo de este tiempo. Don José ha desempeñado diversos empleos desde muy joven: se ha dedicado al campo, a la carpintería, ha sido conductor de microbuses y actualmente es conductor de mototaxi, un transporte importante para la movilidad vallechalquense. Don José es un hombre al que le gusta su trabajo y lo desempeña con gusto y amabilidad, ya que sabe que si los pasajeros reciben un buen servicio quedan satisfechos con su trabajo.

Nos comenta que en esta transformación que le ha tocado vivir no ha sido benéfica del todo, ya que ante el crecimiento poblacional y la urbanización, las personas han tenido que trasladarse hacia la ciudad a trabajar y esto ha provocado que el municipio sea un dormitorio para muchas personas. Con el crecimiento y la urbanización fue llegando gente de diversos lugares y, al tener diferentes costumbres y hábitos, el municipio empezó a verse con basura, comenzaron problemas de drogadicción y violencia. Ve como lo más valioso de Valle de Chalco la riqueza cultural que dejaron nuestros antepasados.

la entrevista

Extractos de la entrevista grabada. Se condensó el hilo de la conversación; no se corrigió el habla.

¿Es originario del municipio?

Casi soy originario. Sí, cuando era Estación Xico, ya después San Miguel Xico.

¿A qué se dedicaba antes del mototaxi?

He tenido varios oficios: anteriormente trabajaba de carpintero; antes de carpintero fui chofer de servicio público, combi, microbús; y antes de eso me dediqué un tiempo a trabajar en empresas allá en la Ciudad de México, fábricas. Y antes de eso, en mi adolescencia, me tocó aquí irle a ayudar a mis abuelos a sembrar el campo: maíz, frijol, calabaza, haba, remolacha para las vacas y avena, que era lo que se sembraba en aquel entonces. Antes de que se poblara.

¿Qué es lo que más le gusta de vivir aquí?

Digamos que la transformación que se ha ido dando sí ha traído un poco de avance, pero no ha sido enfocado en apoyar a la comunidad. Es como un dormitorio aquí de mucha gente que trabaja en diferentes lados de la Ciudad de México y alrededores, y aquí hace falta precisamente que se le enfoque y que haya zonas industriales para que la gente no vaya tan lejos a trabajar. En aquel entonces, cuando se empezaba a poblar, sí nos gustaba, ya que había mucha libertad, mucho de donde poder sustentarse: había gente que tenía sus animales, vacas, chivos, puercos. Hoy ya es imposible tener ese tipo de animales, ya no se puede. Como que sí era un poquito más fácil el poder alimentar a la familia. Hoy ya no, porque si no se trabaja en algún lado, pues no hay manera. Antes sí había, porque lo que se recogía de la cosecha o de los animales servía como alimento para la familia. Hoy hay que trabajar y si no trabaja uno, pues no come.

¿Y qué es lo que más le disgusta de ese cambio?

Ha llegado mucha gente con culturas diferentes, porque vienen de diferentes estados de la república. Hay gente que trae buenas costumbres, buenas intenciones, y hay gente que no, al contrario, a lo mejor porque vienen de las colonias del distrito, que por diversas circunstancias se vinieron para acá, pero ya traen malos hábitos: el tirar basura, la drogadicción, la violencia más que nada. Todo eso se ha ido suscitando porque vino con el crecimiento; antes no había nada de eso. Nuestra comunidad, que era de aquí a la hacienda donde está el museo, ahora ya la agarraron de basurero. Ahí en el área de la Troje seguido hay perros muertos y todo, entonces eso es desagradable. Da mala vista a nuestro municipio y a nuestra comunidad.

¿Qué es lo más valioso que tiene el municipio?

Lo más valioso es lo cultural, todo lo que nos heredaron nuestros antepasados. No se puede decir que los abuelos, sino desde antes. Aquí, cuando todavía no se poblaba por parte de los nuevos vecinos, había áreas donde se encontraban artesanías de caritas —nosotros les llamamos caritas—, que es lo que hay en el museo, los idolitos, y varias cosas de esas. Y por allá había áreas específicas que antes le nombraban la Moctezuma, la Marranera: todas esas áreas eran donde se encontraban esas piezas, monitos de jade, tepalcates, ollitas, todo eso.

¿Y lo más gratificante de su oficio?

Por ejemplo, el dar el servicio aquí en el mototaxi: hay gente que se queda satisfecha y contenta porque uno procura dar un buen servicio. No todos los compañeros damos el servicio que deberíamos dar. Hay muchos aspectos en los cuales la gente se queja porque los compañeros no tienen esa cultura de servicio. No es obligatorio que uno preste el servicio, al contrario: es algo que debe ser por gusto y porque nos regenera, tenemos un ingreso a través de ello. Y si lo hacemos con gusto y con visión, creo que la gente también nos apoya en ese aspecto, en que nos requiera el servicio. Lo más gratificante es prestar un buen servicio y que la gente quede contenta.

Entrevista realizada por las y los participantes del taller, 2025.

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